No era un viaje preparado. De hecho, era un viernes cualquiera, a las seis de la tarde, cuando decidimos poner rumbo a Granada. Una ciudad que uno de los dos había visitado hacía años y apenas recordaba. El viaje no fue excesivamente largo, en unas 4 horas y sin tráfico llegamos al hotel, desde Madrid.

Preparados y con altas expectativas  

Ya por la mañana, con buen tiempo, nos dirigimos a conocer el centro de la ciudad. Un paseo muy agradable y enriquecedor, que ya os contaremos en otra ocasión. Esta vez, dada su relevancia histórica, nos centraremos en La Alhambra, uno de los principales enclaves culturales de España.

Acceder hasta la que en sus comienzos fue ciudad palatina no resulta complicado. Puedes llegar a pie, pero si no tienes buen fondo – el camino tiene bastante inclinación- es mejor y más rápido coger el minibus C3, que te deja justo a la entrada del monumento.

En cuanto a las entradas y las posibles esperas, recomendamos comprarlas previamente por Internet y, tras imprimirlas en un cajero de La Caixa, podéis entrar directamente. Así lo hicimos, y fue como adentrarnos en una época pasada. El comienzo no pintaba nada mal.  

El recorrido está marcado con inteligencia, para evitar que nos perdamos ningún detalle -que son muchos y variados- de esta ciudad histórica por la que han pasado las tres principales culturas que forman parte de la historia de nuestro país. Romanos, árabes y católicos hicieron de este lugar una ciudad mágica y de una belleza arquitectónica singular.

Los Jardines del Generalife  

Eran las dos y media cuando nos adentramos en los Jardines del Generalife. Las visitas a la Alhambra se estructuran en tres franjas, mañana, tarde y noche. En nuestro caso, escogimos la segunda.

En este área, situada fuera de las murallas de La Alhambra, al este, se daban cita los sultanes nazaríes para buscar el relax. Jardines ornamentales, huertos y un conjunto de edificaciones en forma de patios constituyen uno de los complejos arquitectónicos más relevantes de la arquitectura civil musulmana.

El más representativo de todos es el Patio de la Acequia, por su esquema árabe de patio cuatripartito, de origen persa y tradicional en Andalucía, con añadidos de la época cristiana. Su singularidad se haya en la longitud, debida a la Acequia Real, encargada de hacer llegar el agua a los huertos y hasta La Alhambra.

Los Palacios Nazaríes  

Continuamos el recorrido hacia los Palacios Nazaríes, la construcción más emblemática de este Patrimonio de la Humanidad, ubicado ya dentro de la fortaleza de La Alhambra. Pero, antes, decidimos hacer una pequeña parada para tomar un café en el bonito patio floral del Hotel América, a pocos metros del palacio de Carlos V.

Los pases a los palacios están organizados cada media hora, para que la gente pueda disfrutar de la visita, sin agolparse. Nosotros lo teníamos a las cuatro. El recinto está compuesto por dos palacios, el Palacio de Comares y el Palacio de los Leones, ambos construidos durante el primer tercio del s. XIV.

La primera sala, denominada Mexuar, es la más antigua e hizo las veces de corte de justicia en su época árabe y de capilla durante la era cristiana.

Tras esta, un precioso patio y una estancia decorada con techos de madera de cedro, ventanas con celosías, cenefas cerámicas, pinturas góticas, símbolos y escudos de la época de los Reyes Católicos. Y así, una estancia tras otra, desde el Patio de la Alberca hasta la Torre de Comares, pasando por la sala de la Barca.

Todas ellas con una exquisita decoración artesanal, especialmente la Torre. Zócalos de azulejos, yeserías con el escudo nazarí, conchas, rosas y estrellas, arcos peraltados, celosías de madera, vidrieras de colores, pareces decoradas con versículos coránicos y poemas grabados en la yesería son algunos de los innumerables detalles ornamentales que admiramos, siempre con la presencia del agua, símbolo por excelencia de La Alhambra y de su época musulmana.

Llegamos al segundo palacio, el de los Leones. Sin duda, otra maravilla arquitectónica. En su patio, columnas de mármol blanco de Macael (Almería) sustentan o apuntalan las arcadas de filigrana que   rodean la fuente con los doce leones que le dan nombre.

Continuamos deleitando nuestra vista con el resto de aposentos y patios, entre ellos la Sala de los Abecenrrajes o la Sala de los Reyes, cuyo techo abovedado, con pinturas representando caballeros y damas, atrae la atención por la delicadeza de sus detalles.

La Alcazaba  

Mentalmente exhaustos por la cantidad de información visual, terminamos nuestra visita en la Alcazaba, la zona más antigua de La Alhambra. Una fortaleza donde residía el monarca y que más tarde pasó a ser de carácter únicamente militar.

Subimos hasta lo alto de la torre, pasando por varios miradores, frente al Albaicín, para disfrutar allí de las mejores y más impresionantes vistas de la ciudad granadina y de Sierra Nevada.

Y así terminamos nuestra memorable experiencia en La Alhambra, bajo un bonito atardecer que nos acompaña en el descenso, caminando, hacia el centro de la ciudad de Granada.

 

Texto © Alicia Jiménez
Fotos © Nano Calvo

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