Situado en Galle, ciudad amurallada al suroeste de Sri Lanka, a pocos metros del caos mundanal de los mercados locales y la ensordecedora estación de autobuses, encontramos un remanso de paz llamado The Dutch House. Este hotel se ubica en lo alto de una de las colinas de la capital, gozando así de unas espectaculares vistas de dos de los puntos de interés más emblemáticos del lugar: El fuerte de Galle, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y su famoso puerto. No obstante, a pesar de que pudiera parecer que se encuentra aislado, nada más lejos de la realidad, ya que es posible llegar caminando al centro de la urbe, en pocos minutos.

Este peculiar alojamiento de lujo, habilitado sobre una antigua mansión colonial holandesa construida en 1712, ofrece a sus clientes calma, bienestar y descanso después de una agotadora y enriquecedora jornada turística por la ciudad. Todo está mimado hasta el último detalle en The Dutch House. Las cuatro suits que lo componen son diferentes entre sí, pero nada tienen que envidiar unas a otras. Una amplia habitación con cama dosel y diván, una estancia de descanso donde trabajar o leer, disfrutando de las vistas al verde jardín y un cuarto de baño que hace las delicias de cualquier amante del lujo y el placer.

Fuera de la intimidad de sus estancias se hallan zonas comunes como la amplia sala de estar, con paredes que albergan enormes librerías, llenas de cultura internacional, y una bonita colección de arte contemporáneo. Su exquisita decoración colonial, al igual que el resto de la casa, evocan sin dificultad a una época pasada de principios del siglo XVIII.

Fuera del confort de sus muros está el jardín, al más puro estilo inglés, en el cuál no podría faltar un pequeño campo de criquet para los amantes del deporte nacional de Sri Lanka. En él es posible disfrutar del silencio, mientras le concedes una tregua al cuerpo, cansado de recorrer las largas distancias que separan los puntos clave del país, en uno de sus grandes y confortables sillones de mimbre, con vistas a un horizonte de azul cielo y verde mar.

Después del reposo en el jardín, es imposible rechazar un merecido baño en su piscina infinita -rodeada de frondosos árboles y plantas florales, que brindan al mismo tiempo intimidad y belleza natural -, para poner después punto y final al día con una irrepetible cena en The Sun House, su hermana pequeña que convive en la misma calle, a tan solo unos metros de su entrada principal.

No nos resulta extraño que este lugar de ensueño esté considerado, según afirma su web, como uno de los 20 hoteles de moda en el mundo. Si viajas a Sri Lanka, no debes perder la oportunidad de concederte este inolvidable capricho.

 

The Dutch House, un Remanso de Paz en Galle
Texto © Alicia Jiménez
Fotos © Nano Calvo 2014

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